El Ramadán también se vive en Bogotá

04.06.2018

ImprimirEnviar por e-mail

Mezquita Abu Bakr Assidiq, en Bogota
Fuente: Kienyke

AIN.- Como todos los musulmanes del mundo, los seguidores del Islam de la capital colombiana ayunan durante el bendito mes de Ramadán, que comenzó el pasado 16 de mayo.

Antes de llegar a una de las mezquitas de las colonias extranjeras más grandes en el país, iba con unos cuantos prejuicios sobre los musulmanes, alimentados por todos los estereotipos difundidos en medios y Hollywood. Pero al llegar, uno a uno se fueron derrumbando, y sí, el creer que son terroristas es uno de ellos. Me refiero a los árabes, que en esta época celebran el mes más sagrado del Islam, el Ramadán.

Luego de entrar por una puerta diferente por la que ingresan los hombres, y posteriormente pedirle ayuda a una de las mujeres que estaba en la entrada para que me pusiera un hijab que cubriera mi cabello, que por cierto me habían advertido llevara de mi casa, entre otras advertencias como ir sin escotes, ni faldas cortas. Entré con un poco de desconfianza a la casa de dos pisos, y luego de quitarme las botas, la esposa del líder de aquel lugar me recibió.

Otra de las advertencias que me dieron fue la de no saludarlo con un apretón de manos, pero me sorprendí porque dos hombres que estaban delante mio lo abrazaban como si de él desprendiera sabiduría o bendiciones. Finalmente llegó mi turno, me hizo seguir a una ‘oficina’, él detrás de un escritorio y el fotógrafo y yo en un sofá.

Explicó que en Bogotá son al menos 2.000 musulmanes, de los 14.000 que por censo se determinó que convivían en Colombia. “A veces practican el Islam, a veces no tanto, a veces vienen o no y para eso están estos sitios, para encontrarnos”, explicó.

Aunque nació en el sur Francia y es de origen tunecino, en el norte de África el amor fue el que lo hizo llegar a Colombia. Su esposa tuvo mucho que ver con su llegada, aunque él asegura que fue el destino y las decisiones que se toman en el camino por la ‘religión’, “aunque no es una vocación religiosa, el Islam es un modo de vida, una sabiduría (…) es algo más de la adoración de este mes, es algo más profundo arraigado en los gestos, miradas, etc”, aseguró.

De su rol en la comunidad dijo que todos los días él mismo se lo pregunta. “De hecho, parte de la transformación es esa, de no estar seguro de lo que uno está haciendo, (…) porque es lo que se pretende. Formar a las personas espiritualmente no se trata de tener la capacidad de formar en una catequesis para que la gente sepa, es todo un programa que a veces se sale de las manos porque depende del contexto en el que se encuentre la persona que se está formando”, indicó.

Al preguntarle si había sido victima de xenofobia aseguró que gracias a Dios sí, “lo he vivido toda la vida y estoy feliz, de hecho es lo que me permitió volver a mí mismo. Nosotros los musulmanes tenemos una tradición. Decimos: Observa en lo peor lo que hay de mejor, y en este sentido, la xenofobia se ve como algo malo”.

Sin embargo, aseguró que en Colombia más que xenofobia hay curiosidad. Explicó que en los lugares donde hay una cantidad considerable de musulmanes se vive hasta el maltrato físico que él vivió, “podría escribir capítulos sobre eso. Se bien qué es la tortura y el sufrimiento”.

Comentó que la sonrisa siempre es la mejor arma, y así se lo aconseja a los hermanos, “acérquese a la persona y dele una sonrisa”: “Iba en el carro con este atuendo y una persona nos estaba viendo, abro la ventana y mi esposa, que es de aquí reacciona: ¡por qué nos miran así, si no somos animales!, le dije tranquila… bajé el vidrio y comencé a batir la mano para saludarlo, y luego una niña que iba atrás del otro carro me devolvió el saludo. Recibieron exactamente lo que no esperaban, pensaron que iba a sacar un fusil para disparar o echar una granada, pero sacas la mano para saludar y dar una sonrisa y te das cuenta que es la expresión más bella que puedes provocar en la vida de la gente”.

Me explicó un poco más del Ramadán, esa celebración que aplica para los musulmanes de todas partes del mundo, el mes que inició la tarde del 16 de mayo y finalizará en la tarde del 14 de junio. Uno de los parámetros que deben cumplir son la abstención de comer, beber y tener relaciones sexuales durante las horas de luz; del alba hasta la puesta del sol.

“El Ramadán es como que al cuerpo se le controlen sus deseos para que se eleven por encima de ellos la mente, la conciencia de lo que somos. Esa es la empatía de hecho, buscarla en su interior. Por ejemplo sentir hambre, es entender al otro mejor”.

También se refirió a la oración. “La oración es reunirse alrededor por lo cual fuimos creados y en el mes del Ramadán se reveló el Corán, la última revelación de Dios. Nosotros la leemos juntos, la pensamos y mientras se está leyendo meditamos, la vivimos, oramos y de alguna manera somos un solo cuerpo”, afirmó.

“Hay unos que lo hacen por temor, y es el nivel más bajo, (…) otros por deber pero que no profundizan en el sentido de el porqué y otros ni les importa si es deber o obligación, les gusta. Otros por lucirse. Son niveles en el Islam pero no importa, no estamos aquí para juzgar a nadie”.