La excepcional lápida que desvela los secretos del Madrid islámico

11.01.2021

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La estela funeraria de época andalusí, la gran joya de la exposición del Museo Arqueológico Regional. MAR
Fuente: El Español

AIN.- El Museo Arqueológico Regional, ubicado en Alcalá de Henares, expone el restaurado epígrafe árabe funerario de principios del siglo X.

Bajo los suelos erigidos en tiempos de los Austrias y más allá del transitado y ancho urbanismo planteado en tiempos de Carlos III, se esconden los orígenes de la capital de España. Madrid fue cuna del catolicismo más férreo y España llevó el nombre de dios a todos los continentes posibles. No obstante, Madrid es una ciudad fundada por musulmanes; es concretamente la única capital europea que levantó la civilización islámica.

Ahora, la exposición La maqbara de Mayrit: la muerte en el Madrid islámico, en el Museo Arqueológico Regional, ubicado en Alcalá de Henares, trata de recuperar aquel pasado. La muestra hace hincapié en el mundo funerario de las comunidades andalusíes en la ciudad de Madrid, cuya memoria se ha "perdido con el paso de los siglos".

Poco a poco, la investigación sobre la vida de los primeros pobladores de Madrid va siendo actualizada gracias a las constantes investigaciones. El MAR, por su parte, expone el mayor tesoro hallado hasta el momento del Madrid musulmán. Se trata de un epígrafe árabe funerario de principios del siglo X, localizado en el centro histórico de la capital.

"Es una pieza verdaderamente singular", explica Elena Carrión, jefa de Colecciones del Museo Arqueológico Regional, a EL ESPAÑOL. La estela funeraria, que ostenta una inscripción árabe con el epitafio de un hombre fallecido, fue encontrado en los años ochenta en mitad de unas obras en las inmediaciones del Palacio Real. Esta "pieza excepcional", está realizada en piedra caliza y tiene 41 centímetros de altura y 26 centímetros de anchura. Su grosor, irregular, oscila entre los 9,9 y 4,2 centímetros.

Madrid andalusí

"En el nombre de Dios, el Clemente, el Misericordioso. Este es el sepulcro de Darir b. Ibrahim", se lee en la pieza restaurada. Poco más se sabe de este varón, puesto que apenas quedan registro y datos fiables acerca de la vida de los primeros madrileños. Falleció veinte días después del ramadán de 921 y ni siquiera se conoce el año en el que nació.

Sin embargo, el descubrimiento ha supuesto todo un avance para conocer en profundidad la Puerta de Moros, uno de los antiguos espacios cementeriales islámicos. Madrid lo fundó a finales del siglo IX el emir cordobés Muhammad I, quien ordenó construir una fortaleza cerca del río Manzanares, y la Puerta de Moros funcionó como necrópolis islámica incluso después de que la ciudad cayera en manos de los cristianos. A diferencia de lo que sucedía en los reinos cristianos, donde los cuerpos eran enterrados junto a las iglesias, los musulmanes lo hacían lejos de la ciudad amurallada.

Sería en el siglo XVI cuando la necrópolis quedó en desuso, después de que la comunidad mudéjar se viera obligada a abandonar la Corona de Castilla o adoptar la religión católica decretada el 12 de febrero de 1502 por los Reyes Católicos. Sus dimensiones exactas se desconocen, pero se sabe que debió comprender el área entre la calle Toledo y la calle Humilladero.

Del periodo enteramente musulmán quedan pocos restos. A lo largo de los tres siglos que recorre el Madrid andalusí, según explican desde el MAR, la pequeña urbe destacó por su prosperidad gracias "a la mejora en el rendimiento de la tierra que traen las nuevas técnicas de cultivo".

Asimismo, la Doctora en Filología Semítica María Antonia Martínez-Núñez escribe en su artículo Estela funeraria de cronología omeya aparecida en Madrid que la fundación de la ciudad se inscribe en un proceso de urbanización que afecta a todo Al-Ándalus durante el siglo IX y que el núcleo primitivo se ubicaba en el emplazamiento de lo que hoy es el barrio de la Almudena, cerca del Palacio Real.

Madrid sirvió como atalaya defensiva contra los cristianos del norte además de para supervisar y ejercer control sobre Toledo. No obstante, la presión cristiana del siglo XI terminaría por sucumbir el bastión musulmán del centro de la Península Ibérica. En el 1085, Alfonso VI, rey de León, conquistó Toledo y junto a él Madrid también pasó a ser de dominio cristiano.

La ciudad fue repoblada por una nueva fe aunque muchos de los musulmanes convivieron en esta nueva época que viviría la futura capital de Madrid. De hecho, es a partir del siglo XI donde más elementos islámicos se han encontrado. Fragmentos de puerta califal o una pieza de ajedrez son algunos de los tesoros musulmanes posteriores a la conquista cristiana. "Por ello hay que relacionarla con una comunidad mudéjar o morisca, y, por tanto, el único epígrafe conocido del Madrid andalusí es la lápida funeraria objeto del presente estudio", argumenta Martínez-Núñez.

Así, la exposición La maqbara de Mayrit: la muerte en el Madrid islámico cuenta con el mayor tesoro musulmán de la capital que, una vez pasado el proceso de restauración, se expone en el Museo Arqueológico Regional junto a otras piezas de cerámica que acompañan al epígrafe árabe funerario.