La intolerancia traspasa fácilmente las fronteras

28.06.2011

ImprimirEnviar por e-mail

La intolerancia traspasa fácilmente las fronteras.
AnteriorSiguiente
Fuente: WEBISLAM

AIN.- Geert Wilders encabeza el tercer partido en importancia electoral en Holanda. Por sus incitaciónes xenófobas fue llevado a los tribunales, pero los jueces lo absolvieron.

Montó su crecimiento a partir de sus posiciones extremas, llevando al máximo las expresiones xenófobas contra los musulmanes y el Islam, y potenció el miedo de la sociedad hacia quien es y piensa distinto. Por sus dichos ofensivos, fue llevado a los tribunales, pero los jueces lo absolvieron y su estrella, en vez de apagarse, volvió a brillar.

Los jóvenes protestantes del Ulster llaman a través de grandes cartelones callejeros a quienes piensan como ellos, a sumarse a unas milicias civiles fuertemente armadas. Fueron los protagonistas de la violencia nocturna que sacudió en Belfast la última semana, preludio de la época de marchas religiosas que acostumbran a celebrarse en coincidencia con el verano europeo.

El terror se adueñó de las calles, con la minoría católica del barrio de Short Strand (son unos 3.000 fieles de la Iglesia de Roma rodeados de más de 60.000 protestantes) como foco de la furia. Todavía está fresco el recuerdo del Ejército Republicano Irlandés (el IRA católico buscaba la independencia de Gran Bretaña), que dejó las armas hace una década.

Estos dos hechos han servido de alarma para Europa, donde la xenofobia y el racismo es uno de los temas de debate social constante. El renacimiento de estas actitudes genera gran preocupación por su tendencia a desbordarse, en momentos en que el malestar social por las políticas de ajuste económico y reducción de programas asistenciales atraviesan todos los gobiernos, sin importar si responden a ideologías conservadoras o socialistas. En ese contexto de restricciones y ante el crecimiento del descontento, la furia callejera puede ser una afligente válvula de escape de las tensiones mal contenidas.

Para peor, esta situación no se registra sólo en Europa. Los movimientos indigenistas en América Latina han potenciado el crecimiento de sus dirigentes hasta conseguir puestos de conducción o cargos de importancia. Esto generó, a su vez, la reacción en el seno de las sociedades de quienes cuestionan a los otros por el color de la piel o por los rasgos; en realidad, ocultan un fuerte resentimiento por la pérdida de los espacios de poder en manos de una nueva generación. Primero fue en Bolivia, con Evo Morales, y ahora se está registrando el mismo fenómeno en Perú, con la inminente asunción de Ollanta Humala en la Presidencia.

La intolerancia no conoce de límites geográficos y se expande como una herida en las diversas sociedades del mundo.